La Rendición de Bailén es un óleo realizado en 1864 por el pintor español José Casado del Alisal. El cuadro representa la capitulación del ejército francés ante las tropas españolas en la guerra de la Independencia (1808-1814). Concretamente, esta escena muestra la entrevista que celebraron Francisco Javier Castaños, capitán general de Andalucía y jefe de las tropas españolas, y el general Pierre-Antoine Dupont de l`Étang, uno de los más grandes estrategas de Napoleón. Esta entrevista tenía el propósito de fijar las condiciones de la rendición. En el centro de la obra encontramos a Castaños, al frente del ejército español, que saluda respetuoso a Dupont, que se encuentra con actitud seria abriendo sus brazos en señal de rendición. A pesar de estar representado en pleno campo de batalla, la rendición de Bailén no tuvo lugar ahí, ni ante los cuatro jefes de las divisiones españolas, sino que fue firmada en una casa de postas de Andújar el 22 de julio, sin que estuvieran presentes los dos primeros generales españoles ni el francés Gobert, que había muerto pocos días antes en los enfrentamientos de Mengíbar.

El segundo cuadro se trata de una obra de Francisco de Goya, y es un aguafuerte perteneciente a la serie Desastres de la guerra. La obra que vamos a tratar ahora se llama “Y son fieras”. En la serie Desastres de la Guerra, elaborada entre 1810 y 1814, Goya ofrece una visión crítica y personal de las consecuencias de la Guerra de la Independencia española (1808-14), lejos de las imágenes propagandísticas de sus contemporáneos. A través de estas estampas Goya censuró la irracionalidad de la guerra y la brutalidad ejercida por ambos bandos, cuyo resultado fue siempre el sufrimiento, el dolor y la muerte. Su significado trasciende la representación visual de una contienda concreta y puede considerarse el primer alegato en contra de todas las guerras. Desastres de la guerra fue el título que la Real Academia de San Fernando puso en 1863 a la primera edición de estos aguafuertes, que Goya no llegó a publicar en vida. Se trata de un cuadro pintado en plena guerra, y como podemos observar aparecen unas mujeres luchando contra los franceses, goya pretendía plasmar la irracionalidad de la guerra y las atrocidades que fueron cometidas.
A pesar de ser dos obras que retratan la misma guerra, podemos encontrar unas claras diferencias entre ellas. La principal diferencia que encontramos es la fecha en la que son realizadas estas obras. Mientras que la obra de Goya está realizada en plena guerra de independencia, la de Alisal se realiza 50 años después de que esta acabe. Esto nos lleva a tener dos visiones muy diferentes de la misma, ya que Goya plasma las barbaridades de la guerra puesto que él mismo está siendo testigo de todo lo que ocurre. Por otro lado, Alisal, a pesar de tener la guerra todavía cercana, la retrata desde una visión posterior en la que los españoles habían salido victoriosos. Como decíamos anteriormente, la visión de Goya sobre la guerra es mucho más pesimista, lo que se ve reflejado en su obra puesto que no utiliza colores y se centra en remarcar la crueldad de la misma, sin distinción de bandos mientras que Alisal representa el campo de batalla pero sin lucha, en el momento de la rendición francesa, sin representar ningún tipo de violencia y utilizando una gran variedad de colores en la obra.
Para entender ambas visiones, hay que tener muy en cuenta el contexto y la situación en la que se encuentran cada uno de los autores, puesto que es diferente hablar de una guerra en el momento en el que ocurre, como le pasa a Goya, ya que está siendo testigo de todas las atrocidades que se están cometiendo por ambos bandos, que una vez terminada y, además, con la victoria española, como en el caso de Alisal. De ahí la importancia de tener en cuenta más aspectos, y no únicamente lo que se ve reprensentado.



